Y a veces voy a la playa o a la montaña, a la ciudad o al parque, o al centro comercial con mi familia, y me acuerdo de walimai, entre otras veces.... (
Oskar)
- Los Nahab están como muertos, se les ha escapado el alma del pecho - dijo -. Los Nahab no saben nada, no pueden clavar un pez con una lanza, ni acertar con un dardo a un mono, ni trepar a un arbol. No andan vestidos de aire y luz, como nosotros, sino que usan ropas hediondas. No se bañan en el río, no conocen las reglas de la decencia o la cortesía, no comparten su casa, su comida, sus hijos o sus mujeres. Tienen los huesos blandos y basta un pequeño garrotazo para partirles el cráneo. Matan animales y no se los comen, los dejan tirados para que se pudran. Por donde pasan dejan un rastro de basura y veneno, incluso en el agua. Los nahab son tan locos que pretenden llevarse las piedras del suelo, la arena de los ríos y los árboles del bosque. Algunos quieren la tierra. Les decimos que la selva no se puede cargar a la espalda como un tapir muerto, pero no escuchan. Nos hablan de sus dioses y no quieren escuchar de los nuestros. Son insaciables, como los caimanes. Esas cosas terribles he visto con mis propios ojos y he escuchado con mis propias orejas y he tocado con mis propias manos.

Obra: La ciudad de las Bestias
Autor: Isabel Allende